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domingo, 15 de abril de 2018

Cómo son los viajes de hoy ?


Una primera distinción de las características del turismo y los viajes contemporáneos es que la demanda mundial actual ha logrado diferenciar claramente que existen dos grandes grupos de viajeros: aquellos que se desplazan por motivos de placer, vacaciones y tiempo libre y los que lo hacen por razones obligatorias como negocios, estudios, salud o viajes familiares. Ambos segmentos constituyen de hecho una corriente de viajeros monumental que hay que medir y considerar para presentar productos que ellos quisieran comprar.

Esto quiere decir que en una visión moderna, hay que estimar que existe una demanda más grande de la que usualmente entendemos por turismo, es decir, una medida mayor de la que nos podríamos imaginar. Al mismo tiempo, ambas corrientes de viajeros se desplazan a lo largo del año, generalmente en la estación de verano tanto del hemisferio norte o sur, generando con ello la estacionalidad o las también llamadas alta y baja temporada.

Es sumamente importante este tema, porque es en  nuestro entender, el  nudo del problema turístico. En la medida en que en la estacionalidad se puedan equilibrar las altas y bajas temporadas podremos garantizar a nuestros empresarios  la rentabilidad de sus negocios, fuente de la generación de inversiones, reinversiones y empleos.  Una alta temporada es beneficiosa por las mayores ventas, compras de insumos, bienes y servicios, contratación de personal, más inversiones, etc. Contrariamente, las bajas temporadas el otro lado de la medalla.

Por estas circunstancias, la alta temporada en el hemisferio norte acusa un impacto contundente a sus protagonistas, compradores y vendedores: Los precios y tarifas suben en una escalada inesperada. Está demás señalar que los establecimientos dedicados al turismo alcanzan record de ventas y ganancias. Precisamente, el 27 de septiembre, Día Mundial del Turismo, es la fecha en la cual las tarifas y precios de todos los servicios cambian de alta a la baja en el hemisferio norte.

En el Perú, donde las estaciones no son decisivas ni determinantes, las cosas se presentan diferentes. Lo primero que hay que señalar es que tenemos las 4 estaciones en el mismo día y la misma hora en nuestro vasto e increíble territorio. Por tanto, tenemos una alta temporada en julio, agosto y septiembre donde recibimos turistas provenientes del hemisferio norte y en enero, febrero y marzo, a turistas proveniente del verano del hemisferio sur. Mirando el cuadro de la estacionalidad en el Perú podríamos argumentar que casi no tenemos estacionalidad.




Meses
2014
2015
2016

2017
Enero
266 299
298 225
304 712
327 642
Febrero
268 118
295 126
324 365
325 001
Marzo
266 479
274 152
300 342
295 655
Abril
241 635
262 713
276 086
312 587
Mayo
264 283
268 354
296 146
301 189
Junio
245 733
275 926
276 779
318 588
Julio
299 154
275 926
365 320
388 939
Agosto
291 276
305 699
339 081
361 264
Setiembre
254 394
270 498
303 223
340 535
Octubre
274 695
301 735
324 565
352 679
Noviembre
257 567
272 924
299 785
331 844
Diciembre
285 301
297 712
334 057
376 416
Totales
3 214 934
3 455 709
3 744 461
4 032 339

Fuente: MINCETUR 2018

Se agrega a esta demanda la corriente de viajeros nacionales que generan el turismo interno, los que se desplazan a  lo largo de todo el año sea verano o invierno, navidad, año nuevo, feriados, festividades, vacaciones escolares o fines de semana largos. 

Otra de las características del turismo y los viajes contemporáneos es que la demanda mundial de viajeros ha empujado la modernización de los medios de transporte tanto aéreo, terrestre como acuático. Hoy en día contamos con eficientes y competitivas unidades de transporte cuyos procesos de mejora son admirables y sorprendentes.

Nuevos  modelos de aeronaves ya no del futuro sino del presente como el Airbus A380 capaz de llevar hasta 800 pasajeros de una sola vez, nos hablan claramente de lo que se viene. Ni qué decir de los cruceros que se han hecho a la mar en el último años, mucho más  modernos que los actuales y los trenes de alta velocidad. En estos medios de transporte, los viajeros escogen la mejor manera de viajar, sea en forma individual, familiar o grupal cuidándose que en los destinos a los que se dirigen sean tranquilos y pacíficos.

En todos estos casos, los turistas del mundo optan por escoger la mejor manera de hacer de sus viajes los más placenteros siempre que sean motivados por las vacaciones, esparcimiento y el tiempo libre. Es decir, la elección del turismo convencional del no convencional. Ambos cuentan con la suficiente demanda como para continuar en el mercado por mucho tiempo.

En este campo, la facilitación turística ha ejercido un papel singular debido al interés de muchos países por destrabar las dificultades de frontera que por muchos años han sufrido los turistas. Hoy en día esta situación ha cambiado en forma medular. Se han liquidado para siempre muchas formalidades de frontera como las visas y tarjetas de turismo, aceptándose en muchos de ellos la simple presentación del Documento de Identidad Nacional.

El Perú se ha puesto a la medida de los nuevos tiempos en este aspecto, habiendo eliminado el pasaporte a los turistas que quieran ingresar al país para ciertos casos como para los ciudadanos provenientes de la Comunidad Andina de Naciones, a los de nacionalidad chilena tanto como a los de Brasil, de la Comunidad Sudamericana de Naciones y la Alianza del Pacífico. 

Finalmente, la característica central de los viajes y el turismo actual es definir quién es un viajero, visitante, turista y excursionista a fines de establecer una base estadística estándar para todos los países del mundo.

Texto de inminente publicación en mi libro Introducción al Turismo. 12da. Edición

lunes, 21 de enero de 2013

El turismo y el verano


Los flujos de viajeros que se desplazan por el mundo a lo largo de un año, no tienen un carácter estable o permanente mes a mes. Es decir, la demanda por servicios turísticos y el consumo de aquellos, sean por viajeros nacionales o extranjeros, se producen en forma muy marcada en el tiempo, generalmente en coincidencia con el verano del hemisferio norte y del sur generando lo que conocemos como la estacionalidad. Es decir, se trata del mayor o menor consumo de servicios que se genera en un determinado período de tiempo en el año.

Este desequilibrio entre la oferta y la demanda ha traído como consecuencia una alta temporada y baja temporada, razón por la cual los esfuerzos empresariales y gubernamentales se orientan a ampliar la permanencia con el objeto de evitar índices de ocupabilidad (sean hoteleros, de transporte o de restaurantes) de muy bajo rango que ponen en peligro la rentabilidad de las inversiones, y en consecuencia, la estabilidad de los empleos.

En Europa y los Estados Unidos, la estacionalidad se presenta en forma muy clara, precisamente porque las 4 estaciones del año son muy definidas. Obviamente que la gran estación es el verano donde millones de turistas prefieren hacer uso de sus vacaciones, ocasionando con ello, ver a interminables masas que invaden aeropuertos, estaciones de tren, puertos marítimos, fluviales y lacustres, hoteles, pero con mayor gravedad, miles de vehículos en las autopistas en gigantescas y larguísimas caravanas rumbo a las playas del Mediterráneo. Es fácil imaginar el consumo de bienes y servicios en los 3 meses del año por esos millones de turistas.

Pero también es fácil advertir que al término del verano la planta turística receptora alcanza una ocupación menor. Es en esas circunstancias que los empresarios agudizan el ingenio para motivar a nuevos segmentos de la demanda para desplazarse en otras temporadas o meses. La rebaja de tarifas asume entonces un papel decisivo para mantener la ocupabilidad en una mejor posición.

En atención a esta importante característica del turismo contemporáneo es que la OMT, entre otras causas celebra el Día Mundial del Turismo el 27 de setiembre de cada año, por ser el día de cambio de la temporada alta a la baja en el hemisferio norte, y en donde se modifican los precios de las tarifas de los servicios turísticos.

En el Perú, el fenómeno estacional no tiene las características anteriormente anotadas, puesto que nuestras estaciones no están plenamente definidas. Sin embargo, se debe admitir que en el verano del hemisferio sur (invierno en el norte) las estadísticas del turismo receptor crecen fuerte. En nuestro caso, la estacionalidad se presenta en alta temporada, generalmente en los meses de  julio, agosto y setiembre  y en menor proporción, en enero, febrero y marzo dependiendo de los mercados de procedencia. En baja temporada, tenemos abril, mayo y junio, octubre, noviembre y diciembre.

El turismo interno, podríamos decir que se produce a lo largo de todo el año, causando mayor impacto los llamados fines de semana puente, aquellos días feriados anteriores o  posteriores que coinciden  con sábados y domingos, los viajes promocionales realizados por los escolares en mayo, agosto y octubre. Naturalmente que esto significa un grave problema a resolver, aunque valgan verdades, se ha hecho un meritorio trabajo para escalonar los viajes escolares a setiembre y octubre.

Conviene agregar las consecuencias positivas y negativas que plantea la estacionalidad. Por ejemplo, en alta temporada, genera un incremento en la producción y consumo de bienes, sean alimentos naturales, enlatados, consumo de licores, enseres y equipos hoteleros, construcción civil, etc., y servicios como agua potable, energía eléctrica, transporte público, entre otros; también genera nuevos empleos, permanentes o eventuales y utiliza otros medios del aparato  productivo nacional. En temporada baja, disminuye el consumo, se frenan las ventas y se limita la producción.

En este sentido, existe una serie de medidas para contrarrestar o atenuar el fenómeno de la estacionalidad. El escalonamiento de las vacaciones, tema tan de moda en Europa actualmente, es una de esas medidas donde los empresarios ofrecen interesantes programas de invierno con precios rebajados, especialmente en la práctica de deportes sobre la nieve y hielo.

También el desarrollo de los congresos y eventos en baja temporada es otra alternativa que ha merecido la atención de los organizadores de viajes para descentralizar la demanda en el país, y en los meses que hemos identificado anteriormente. Otras de las medidas es la promoción del turismo interno como lo ha experimentado ya el Perú con las antiguas campañas del FOPTUR con resultados realmente halagadores, y recientemente  PROMPERU. 

Pero el tema se vuelve más  complicado cuando los analista y estudiosos de la economía del Perú, entre ellos el famoso Pedro Pablo Kuczysnki, PPK,  ha presagiado  para fines de febrero la caída de nuestra actividad económica relacionada con las exportaciones, el dólar y el tipo de cambio. A fines del próximo mes, ha dicho PPK, que en Estados Unidos se decidirá entre demócratas y republicanos entrar o salir del  abismo fiscal, es decir, seguir pagando cero intereses por sus dólares.

 Entonces, los capitales se irán corriendo hacia otros países donde se paga mejor como el Perú. Con inversionistas, ahorristas y especuladores, lo cierto es que habrá una invasión de dólares, y por tanto, el tipo de cambio pueda que llegue a los 2.40. Con esta cifra nuestros exportadores del turismo tendrán entonces un  dólar de poco valor. Cientos de  miles de familias del turismo receptivo se verán afectadas. 

 La movida que hay que hacer es entonces fortalece y priorizar el turismo interno ahora en pleno crecimiento.